DE MONAGUILLO A IZQUIERDISTA POR JUAN MORICHE

Llevo varios días pensando qué escribir para la vieja tropa. Miguel me lo pidió hace unas semanas y la verdad es qué no sabía cómo meterle mano. Recientes acontecimientos, incluidos el vídeo sobre ETA y el comentario de mi hermano, me han dado un poco de inspiración. Algunos de los que me han precedido ya han escrito sobre la nostalgia, el pasado y el presente. Hace cuatro o cinco años, para Carnaval, los de la asociación de vecinos me pidieron que diera el pregón de La Adobá en La Bajadilla. Yo no quería, pero como no era la primera vez que me lo pedían, acepté. Al principio del pregón aclaré mis reticencias. Recordé a Manuel Vázquez Montalbán, un escritor mitad catalán y mitad gallego, comunista y amante de la buena comida, que decía: No tengo más patria que la que marcan las cuatro esquinas del barrio en las que meaba cuando era niño.
Luego añadía que yo pensaba igual que él, que la infancia es para mí la única patria posible. Las demás banderas, las demás patrias, se llamen España, Andalucía o Europa, no son más que coartadas de los poderosos para hacernos pagar impuestos y mantener a los policías y los ejércitos con los que nos amenazan para que lo hagamos. Son las justificaciones de los terroristas que nos gobiernan para mandar a la gente a la guerra a matar y a morir en defensa de los intereses de unos pocos ricos cobardes que dominan el mundo.
Explicaba en el pregón que la patria, es decir, la infancia como paraíso perdido de la felicidad del que no sabe que es feliz, tiene para mí cuatro esquinas: la calle Huelva, el campo de deportes del colegio, el patio de la iglesia y cualquier chaparro de Castellar, el pueblo de mis padres.
La infancia es el tiempo en que los que tuvieron la oportunidad fueron inconscientemente felices, ajenos al deber, a la responsabilidad y al paso del tiempo. En mi patria, en la esquina del patio de la iglesia que citaba en el pregón, estáis todos vosotros, toda la vieja tropa, desde el cura Agustín hasta María, desde Antonio López, o Javier, La Vieja, hasta el Yepes o algunos de los que ya se han ido para siempre, como Manolo Canó, o el Isco.
De aquello han pasado más de treinta años y la vieja tropa se ha disuelto en el espacio y en el tiempo. A cada uno la vida nos ha llevado por un sitito y todos hemos evolucionado. Desde aquellos cimientos de la infancia cada uno ha ido labrando su carácter, su forma de pensar y su actitud ante el mundo. Hoy me considero una persona de izquierdas, bastante de izquierdas para decir la verdad. Creo que hasta me salgo del mapa. Pero bueno… Dejé de creer en Dios hace mucho tiempo. Me considero ateo y mi única certeza absoluta es que la vida es poderosa, que las ganas de vivir alimentan la voluntad de las personas para luchar cada día. Creo también que el hombre es esencialmente bueno y que la capacidad de mejorar es común a todo el mundo, a todos los individuos y a todas las sociedades. Sé también que como la libertad, la felicidad no es posible en soledad. No es una cuestión individual. Los que dicen que mi libertad termina donde empieza la de los demás están tremendamente equivocados. Sólo si los que te rodean son libres y felices, tú también lo serás.
Con estos planteamientos, mis amigos recientes se sorprenden cuando les digo que de pequeño fui monaguillo y scout. Yo les contesto que no sólo no hay contradicción entre lo que fui y lo que soy sino que les digo que ojalá mis hijos pudieran tener una infancia de amistad, libertad y experiencias como la que yo tuve en La Bajadilla con todos vosotros. Ojalá mis hijos pudieran llegar del colegio y salir pitando para la calle corriendo con el pan con manteca en la mano, olvidarse de sus padres y pasarse las horas jugando con sus amigos y amigas. Estarse horas dándole patadas a un balón y volver para cenar y acostarse con las rodillas llenas de desollones. Ojalá supieran lo que es recoger cartones o hierros y metales que vender en la chatarrería para poder ir a un campamento o para comprarse las camisetas del equipo de fútbol. Ojalá supieran lo que es pasarse horas cantando o contando chistes con los amigos, planeando alguna gamberrada o una broma al más chulito del grupo. Ojalá supieran lo que es salir corriendo calle abajo después de pegarle sin querer un balonazo a la puerta de la vecina más quisquillosa del barrio. Ojalá supieran lo que es el esfuerzo común y la recompensa del trabajo desinteresado y bien hecho. Ojala descubrieran tan temprano lo que es la ayuda mutua, la cooperación, la satisfacción y la alegría de colaborar con otros para hacer una carroza de feria, sortear una dificultad en el monte o ayudar a los más débiles subir una montaña. Ojalá supieran lo que es pasar la noche bajo los helechos, caminar bajo la lluvia o perderse entre la niebla en la cima de un monte. Sentir la naturaleza y sentirse parte de ella. Ojalá supieran lo que es la amistad desinteresada, sentirse parte de un grupo y tener la seguridad de que en el momento de desfallecimiento habrá una mano amiga dispuesta a ayudar.
Todo esto lo aprendí con vosotros en la infancia y sigue formando parte de lo que considero mis principios. Para defenderlos e intentar llevarlos a la práctica no necesito ningún dios, ninguna religión, ninguna patria ni ningún partido al que obedecer o ser fiel. Solo necesito comprobar cada día, en los pequeños gestos de la vida cotidiana, que hay gente buena a mi alrededor. Escuchar más al vecino, al amigo o al compañero de trabajo que a la televisión o al periódico. Más a mi mujer y a mis hijos que al presentador de tal o cual programa de éxito. Ver más el blog de la vieja tropa que la página web de El País o el Europa Sur.
En fin, termino con lo del vídeo sobre ETA que mandó Andrés. La verdad es que no me ha gustado, pero bueno, a Andrés tampoco le pueden gustar las cosas que yo he escrito aquí. Pero para eso estamos, entre otras cosas para cambiar ideas. Y digo que no me ha gustado, en parte, por lo que dije antes: Estoy un poco cansado de que nos sigan metiendo miedo con lo mismo de siempre. Me interesa más lo que le pasa al amigo que se ha quedado en el paro que la diarrea mental de los poderosos y sus seguidores. Creo que el problema vasco, por decirlo de alguna manera, es asunto ya del siglo pasado. Creo que ni el PP de hoy en día lo firmaría. El vídeo está hecho con la mentalidad de Acebes y Jiménez Losantos. Está hecho más para criticar al PSOE que para reclamar la solidaridad con el dolor de las personas que han sufrido en sus carnes los atentados. Manipula groseramente frases sacadas de contexto y las mezcla con imágenes sangrientas para dirigir nuestros sentimientos más contra los gobernantes del PSOE que contra los terroristas. O sea, un mensaje que ya no asume ni Rajoy. Pero bueno, como he dicho antes, mejor no perder más tiempo con asuntos que a un servidor han dejado de interesarle.
¿Por qué no hablamos mejor de la próxima excursión o acampada? Un abrazo para todos. Salud y… ¡Siempre listos!
Juan Miguel León Moriche

































! ACABA DE ENTRAR UN LOTE NUEVO DE FOTOS DE TOÑI BENITEZ !